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Una vendedora después de hacer un completo saludo corporativo quiso verificar la duración de la visita y su cliente le respondió que no disponía de mucho tiempo porque debía preparar unos documentos para una negociación que tendría más tarde con el sindicato. “Yo admiro mucho a las personas que negocian con los sindicatos”, le dijo la vendedora. “Ah si, ¿y por qué?”, contestó el cliente, con más interés del que ella hubiera deseado pues sabía que este tema podría presentar dificultades. Pero creyendo que lo manejaría a su favor, le respondió: “Porque esas negociaciones suelen ser muy difíciles”. “¿Y … usted por qué piensa eso?”. “Bueno, pienso que son complicadas por las diferencias de expectativas que hay entre los directivos y los integrantes de un sindicato”, contestó ella tratando de acabar el tema. “Pues no estoy de acuerdo con usted. No sé por qué todo el mundo tiene que pensar que son negociaciones difíciles. ¡En esta empresa no lo son! Aquí pagamos de una manera muy justa”. Y después de ese breve diálogo, la reunión fracasó. Al llegar a su oficina, la vendedora le contó a un compañero lo que había ocurrido y éste, que tenía más información sobre la empresa en cuestión, le explicó que las excelentes relaciones que esa compañía mantenía con el sindicato contaban con un amplio reconocimiento dentro del ámbito empresarial y que eran fruto de sus saludables políticas salariales y de las prebendas laborales que ofrecía a sus trabajadores.

Tomado de: Soto, G.J.& Restrepo, N.E. Entrenamiento para Vendedores. Colombia: Editorial Norma



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