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Yo era administradora de la sala de ventas de una empresa de cerámica y pinturas. En un día de mucho estrés  debido a la gran cantidad de clientes que visitaban la tienda, decidí ayudar al equipo de ventas.  En un momento, llegó  una familia conformada por papá, mamá y una niña de 14 años. Comencé por atenderlos y les mostré casi todos los productos que teníamos en la sala, mientras la niña jugaba con su celular en otro lado.

Yo me concentré en  mostrarles, sugerirles y recomendarles desde mi punto de vista los productos a los esposos,  sin antes haberles preguntado que era exactamente lo que deseaban o  quién iba a ser el usuario del área a remodelar.

De pronto, la mamá le preguntó a su hija de 14 años “¿Qué opinas de las cerámicas que nos mostraron?, la niña respondió: “no mamá, no me gustó nada de lo que nos mostró la señora”  posterior a esto la señora me agradeció por la atención y abandonó la tienda.

Debo reconocer que en ese entonces no tenía tanta experiencia y entrenamiento como hoy, fue por ello que cometí un gran error que sólo con el paso del tiempo conseguí entender.

Entrenador: Gabriel Rodrigo Toro J.



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